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POLÍTICA

GOBIERNO DORMIDO

Por: Juan Carlos Rocha

El gobierno de Rodrigo Paz está dejando pasar el momento de oro de su gestión para tomar medidas económicas urgentes y encarar los cambios políticos que el país demanda.

Ese momento breve, intenso y determinante, es el que disfruta todo gobierno recién electo: un lapso en el que casi todo le está permitido por el impulso de la victoria en las urnas.

Es la etapa en la que la legitimidad está en su punto más alto, cuando el pueblo entrega una hoja en blanco ya firmada para que el nuevo gobierno haga lo que tenga que hacer, incluso si son medidas impopulares.

Pero a tres semanas de gestión, esa hoja sigue en blanco. Y la firma tiene fecha de caducidad, como la de un cheque.

Por inexperiencia, cálculo, temor o quién sabe qué razón, Rodrigo Paz no parece consciente de que esa oportunidad se está esfumando, y muy rápido.

En 20 días hizo muy poco, casi nada. La medida sobre los combustibles estuvo bien, pero no es un gran mérito; fue apenas una provisión a crédito.

El anuncio de la abrogación de cuatro impuestos también suena bien, pero ¿no dijeron ellos mismos que representan apenas menos del 1 por ciento de las recaudaciones del Estado?

Medidas correctas, sí, pero que benefician a unos pocos y son insuficientes para un país cuya economía tocó fondo y una población que votó por un cambio de ruta.

La sensación de tranquilidad que genera la desaparición de filas en las estaciones de servicio puede ser engañosa y a la larga contraproducente.

Engañosa, porque puede instalar la idea de que todo volvió a la normalidad, cuando no es así.

Contraproducente, porque cuando llegue el momento de levantar la subvención, el recuerdo de esas filas quedará tan lejos, que la medida parecerá más un gasolinazo que un intento responsable de ordenar las cuentas.

La crisis no se fue. La sensación de cierta tranquilidad por el cambio de gobierno es sólo eso, una sensación.

Después de 20 años de pesadilla, los bolivianos estamos disfrutando de una siesta de alivio, casi un premio porque echamos a ‘aquellos’.

Pero toda siesta es breve, y cuando despertemos, la crisis todavía estará allí, parafraseando al dinosaurio del cuento.

Y mientras tanto, el Presidente desperdicia su energía en discursos que, por elocuentes que parezcan, no se traducen en hechos. Sus palabras abundan en anuncios y promesas, como si gobernar fuera prolongar la campaña.

Deje ya de repetir que se debe eliminar el Estado tranca. Usted ya es Presidente, y tiene el poder para hacerlo. Elimínelo, y después nos cuenta.

Por momentos, incluso, suena igual que su respetable padre: un maestro de la retórica de frases hechas y consignas que lucen bien, pero no pasan de ahí. Palabras vistosas que, al final, no son más que sofismas.

Sería mucho más provechoso actuar más y hablar menos. Los verdaderos éxitos se venden solos.

Que deje de sorprenderse por el desastre heredado del oscurantismo masista. ¿Acaso no lo sabía? El Presidente no está para criticar casi a diario al anterior gobierno; su tarea es gobernar, no lamentarse.

Que alguien investigue y procese a los responsables del saqueo al Estado, pero que todos los demás trabajen en soluciones, mirando hacia adelante.

Gobierne. Decida. Tome medidas. Haga cambios. Cumpla sus promesas electorales. Ese será siempre su mejor argumento frente al ruido del que pretende gobernar por TikTok.

A ratos queda la sensación, Presidente, de que usted y su equipo desperdiciaron demasiado tiempo desde que supieron que tenían las mejores posibilidades de llegar al poder.

Entre el 17 de agosto, día de la victoria en primera vuelta y el 8 de noviembre, fecha de la posesión, pasaron 83 largos días. Y desde la segunda vuelta y el juramento, fueron 20 días.

¿En qué se usó todo ese tiempo? Porque cuando no se prepara, se improvisa. Y eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo.

Gobierne, presidente Paz. Llegue a tiempo a la historia. Demuéstrenos por qué está allí. Apure el paso, pise el acelerador, mire el reloj político. ¿Qué es eso de ‘medidas en marzo’? No repita en la gestión lo que usted y sus ministros muestran en posesiones y conferencias: postergaciones e impuntualidad que hablan mal de todos.

Aquí cerca hay enemigos del país que buscan su fracaso. No se fíe: no han muerto. Y si alguno parece caído, son como los zombies de las series: siempre vuelven a caminar. Si se levantan de nuevo, será su responsabilidad, Presidente.

El país sigue esperando. Y usted debería saberlo: toda espera tiene un límite, y la desesperación siempre llega primero.